El Tribunal Supremo ha venido manteniendo que para que se produzca la subrogación de un contrato de alquiler de renta antigua era imprescindible el cumplimiento de los requisitos exigidos en el artículo 16 de la Ley de Arrendamientos Urbanos que incluyen la comunicación por escrito del fallecimiento y de la identidad de la persona que tiene la voluntad de subrogarse.

Sin embargo, el Supremo entiende que la doctrina anterior resulta demasiado rígida y que no puede ser mantenida de manera inflexible y que hay que atender en cada caso a las exigencias que imponga la buena fe.

Por razón de la buena fe, la extinción del contrato puede ser injusta cuando, a pesar de no haberse llevado a cabo una notificación formal por escrito, el arrendador tiene un conocimiento efectivo de que se ha producido el fallecimiento del arrendatario y de la voluntad de subrogación de quien tiene derecho a ello, ya que el consentimiento del arrendador no es un requisito para que se produzca la subrogación y que la exigencia de notificación lo que pretende es que el arrendador tenga conocimiento en un plazo razonable del ejercicio de un derecho que le afecta.

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Fuente: Poderjudicial.es